Por SIDER Ingeniería de Proyectos
Esta es una obra propia de SIDER, una vivienda de dos plantas en Quito que construimos nosotros mismos. En el video sigue en obra gris: columnas, vigas y losa nervada fundidas, mampostería en distintos niveles de avance, una escalera de hormigón recién fundida y, al fondo, la terraza superior. Antes de entrar en los detalles, conviene explicar por qué revisamos nuestras propias obras justo en esta etapa.
Por qué miramos en obra gris
La obra gris es el momento en que la estructura (columnas, vigas, losas, escalera) ya está fundida y nada la cubre todavía: sin enlucido, sin pintura, sin piso, sin mampostería completa. Es la única etapa en que se ve el hormigón tal como salió del encofrado. Después del enlucido, la pintura y los acabados, cualquier duda sobre la fundición (una sección corta, una escalera con proporciones incómodas, un acero mal puesto) ya no se puede verificar sin picar algo terminado.
Revisar aquí no es un capricho estético. Corregir ahora cuesta una conversación con nuestro maestro de obra. El mismo ajuste después de los acabados cuesta una demolición parcial. Hacemos la misma rutina en nuestras obras y en las de nuestros clientes, porque construir nosotros no nos exime de mirar con el mismo detalle.
Tres detalles que solo se ven ahora
En las tomas de esta semana, de nuestro propio equipo en obra, hay tres cosas visibles únicamente porque la construcción sigue en gris.
Los puntales de madera que todavía sostienen parte de la losa. Dicen que esa losa es reciente y que el momento de retirarlos lo decide el criterio de nuestro maestro de obra, no una fecha del calendario: típicamente, cuando el hormigón alcanza resistencia suficiente para soportar su propio peso más las cargas de construcción sin apoyo adicional. Quitarlos antes, solo por avanzar, es el atajo que esta etapa existe para evitar, y el que cuidamos de no tomar ni en obra propia.
El encofrado de madera de la escalera, las «tapagradas», los tableros que forman la cara vertical de cada contrahuella, sigue puesto en varios peldaños. Mientras esas tablas estén ahí, se puede confirmar que cada escalón se fundió con la altura y la profundidad que tocaba, sin variaciones entre uno y otro. Cuando la escalera se cubra con cerámica o piso flotante, esa verificación ya no será posible a simple vista. Solo se notará, mal, al subir.
El acero de espera que sobresale en la parte alta de una columna, en la terraza. Indica que ahí se piensa seguir construyendo, un tercer nivel o un muro adicional, y que esa continuidad todavía se puede revisar contra el plano estructural antes de que quede bajo un contrapiso o una impermeabilización.

Columnas y vigas a ojo
Esto es una lectura por video. No reemplaza medir en obra con cinta métrica ni revisar los planos estructurales. Dicho eso, comparamos las columnas con las hiladas de bloque: el bloque estándar mide unos 39×19 cm y, con la junta de mortero, cada hilada da unos 20 cm. Con esa referencia, las columnas visibles se estiman entre 25×40 y 30×40 cm. Es un rango típico para una vivienda de dos plantas de este tamaño y coherente con lo que pide la práctica estructural para hormigón armado en zona sísmica: columnas con el lado menor no inferior a 25 cm, para mantener rigidez y evitar problemas de esbeltez.
Las vigas, vistas desde abajo contra la losa nervada, tienen un peralte (la altura de la viga, no su ancho) del orden de 30 cm, acorde con las luces que se observan entre columnas. La losa es nervada, con bloques de aligeramiento entre nervios, la solución más común en vivienda de dos plantas en Ecuador. Está bien fundida: los nervios se ven completos y sin las oquedades que sí pedirían revisión.
Ninguno de estos números reemplaza el plano estructural del proyecto ni una verificación con wincha en sitio. Pero como lectura preliminar, no muestran nada que llame la atención, y ese tipo de confirmación solo se puede hacer ahora.

La escalera con la fórmula de Blondel
Aquí sí conviene un cálculo, y es corto. Una columna se revisa contra un plano, pero la comodidad de una escalera se verifica con una fórmula que cualquiera aplica en obra.
Por las proporciones que se alcanzan a ver entre las tablas del encofrado (a confirmar en sitio con una medición directa antes de retirarlas), estimamos una contrahuella, la altura de cada peldaño, de unos 17 cm, y una huella, la profundidad donde pisa el pie, de unos 28 cm. Blondel relaciona las dos medidas para que el paso resulte cómodo al caminar:
2 × contrahuella + huella = 2 × 17 + 28 = 62 cm
El rango recomendado está entre 60 y 64 cm. Con 62 cm la escalera cae dentro: ni tan empinada que obligue a acortar el paso, ni tan plana que alargue la zancada de forma antinatural.
También la contrastamos con los límites de la normativa ecuatoriana de accesibilidad para vivienda: contrahuella máxima de 18 cm y huella mínima de 25 cm. Con 17 cm y 28 cm cumple, con margen en los dos casos: 1 cm en la contrahuella y 3 cm en la huella.
Ese margen todavía se puede perder. Si en los peldaños que faltan por fundir, los del tramo superior, se repite la misma proporción, la escalera queda bien. Si cambia (un peldaño más alto para «ajustar» el tramo final, un error de nivel), el desajuste solo se va a notar caminando, y para entonces estará cubierto de cerámica.
Qué revisamos antes de seguir
Del recorrido salen tres verificaciones. Las tres son posibles solo mientras la obra sigue en gris, y las tres son parte de cómo hacemos seguimiento en nuestros propios proyectos:
- Confirmar con nuestro maestro de obra el tiempo de curado antes de retirar los puntales que aún sostienen la losa, en vez de guiarse por el avance de otros frentes de trabajo.
- Medir con cinta la contrahuella y la huella de cada peldaño, incluidos los que faltan por fundir, antes de cubrir el tramo con acabado, para confirmar que la proporción de Blondel se mantiene en todo el recorrido.
- Verificar el acero de espera de la terraza contra el plano estructural antes de que una impermeabilización o un contrapiso lo deje fuera de vista.
Nada de lo que se ve en este video es, por ahora, un hallazgo negativo: ni en las columnas, ni en las vigas, ni en la escalera. Por eso mismo lo publicamos. Revisar en obra gris no responde a un problema, es la rutina de cada obra que construimos, para que un problema pequeño no salga caro. La estructura de esta vivienda está a la vista una sola vez en su vida útil, y aprovecharla antes de retirar puntales, fundir los últimos peldaños y cubrir la terraza es la diferencia entre corregir con una conversación y corregir con una demolición.
Mi postura sobre esta revisión
Una estimación por video la tomo como pista, no como veredicto. La columna más chica que calculamos a ojo, con 25 cm de lado menor, queda justo en el mínimo que citamos, sin nada de colchón. Antes de dar por buena cualquier sección, la contrastaría con el plano estructural.
Con la escalera pienso distinto, porque ahí el margen es corto pero se puede cuidar. Tenemos 17 cm de contrahuella contra un máximo de 18, o sea 1 cm. Un peldaño que suba apenas más que los otros ya se sale del límite, y yo desconfiaría sobre todo de los últimos, donde es tentador ajustar el nivel. Por eso mediría peldaño por peldaño y no me fiaría de un promedio.
Sobre los puntales, mi posición es clara: no se retiran por calendario ni por apuro de otro frente. Si el maestro de obra dice que falta curado, falta. Y una reserva honesta: todo esto sale de un video, y lo que falta es medir en sitio.

